Ciclo Vital


El Nacimiento y la Circuncisión

"Este es mi pacto, que guardareis.... será circuncidado el prepucio de todo varón de entre vosotros y esa será la señal del pacto entre mí y vosotros. De edad de ocho días será circuncidado todo varón por vuestras generaciones... Y el varón incircunciso será borrado de su pueblo, ha violado mi pacto". Gen 17, 10-14.

El nacimiento de un hijo, sobre todo si éste es varón, es un hecho celebrado en toda familia judía. A los ocho días del nacimiento todo varón debe ser cincuncidado (sólo e casos muy graves la circuncisión puede ser pospuesta). El ritual de la circuncisión se conoce como berit o pacto. Los orígenes de la circuncisión se remontan a Abraham y tiene un valor religioso como símbolo de la alianza o pacto de Dios con el pueblo judío.

La circuncisión en la que se utiliza un material quirúrgico específico, la realiza hoy un especialista, mohel, el que circuncida, que en muchos casos es el rabino de la comunidad. La ceremonia se lleva a cabo en la casa o en la sinagoga. Deben asistir a la misma, a demás del padre y el mohel, el padrino o sandac y un grupo de diez adultos varones o minián.

El día anterior a la ceremonia se colocan en el lugar un sillón, llamado el sillón de Elias, por que según la tradición el profeta está presente en toda circuncisión, ya que se renueva en ella la esperanza de la venida del Mesías, sobre este sillón se extiende un paño adornado.

El padrino sostiene el niño en su regazo sentado sobre una silla alta con un reposapiés para facilitar la operación. Una vez realizada ésta, el padre pronuncia una bendición en señal de agradecimiento a Dios por la llegada de un nuevo miembro a la comunidad. Bendice luego el vino y las hierbas aromáticas y se procede a la imposición del nombre, recitándose unas oraciones en las que se pide protección para el niño y para su madre.

Si el recién nacido es una niña, el sábado siguiente al nacimiento se le impone el nombre cuando el padre participa en la oración sinagogal y se recitan también oraciones por la madre y por la hija.


La educación y mayoría de edad.

La educación religiosa del niño judío le prepara para su integración en la comunidad a la cual pertenece. La madre juega un papel muy destacado en dicha educación : ella es quien inculca al niño el respeto a sus mayores y las virtudes más importantes. Las oraciones las aprende por el ejemplo de sus padres y la práctica diaria, todo lo cual, unido a la educación que recibe en la escuela sinagogal, conduce al niño a la mayoría de edad religiosa. Este tipo de educación lo que busca es hacerle participar correctamente en el culto, aprendiendo y ,memorizando los textos sagrados para cumplir el ritual.

Antiguamente el niño acudía a la escuela a una edad muy temprana y comenzaba a aprender el alfabeto hebreo a los cuatro años, siguiendo sus estudios hasta la mayoría de edad. Después del alfabeto, aprendía la vocalización de las palabras, y más tarde pasaba a leer el Pentateuco, hecho que era muy celebrado. En la escuela rabínica se le enseñaban las prescripciones religiosas, algunos pasajes del Talmud y comentarios de la Biblia. Los padres pagaban al rabino no tanto por su enseñanza como por el cuidado y vigilancia que ejercía sobre los niños, y por el tiempo que este quehacer restaba a sus ocupaciones normales.

El aprendizaje se producía por la repetición y memorización, así como por la copia de los textos sagrados.

La Mayoría de Edad o Bar Misvá culminaba con una celebración religiosa al cumplir el niño los trece años de edad. En este momento quedaba convertido en sujeto de la observancia de los preceptos (bar misvá) o prescripciones religiosas del judaísmo, siendo él y no su padre responsable desde entonces de sus actos. A partir de este momento puede formar parte del quorum de diez varones adultos (minián) necesario para celebrar el culto.

El día de la ceremonia (lunes o jueves, y el sábado precedente), el adolescente dirige el oficio, recitando las oraciones adecuadas a esta celebración. Asímismo debe hacer una disertación (darús) sobre un pasaje bíblico apoyándose en la literatura talmúdica y midrásica y comentarlo. El adolescente utilizará a partir de este momento las filacterias (tefelín), que ceñirá a su cabeza y a su brazo izquierdo y se cubrirá la cabeza con el manto, en aquellos momento en que se prescribe su uso en la sinagoga.

La ceremonia sinagogal finaliza con una fiesta para familiares y amigos en la que se celebra esta mayoría de edad.

En tiempos modernos también se ha extendido la costumbre de celebrar para las niñas que alcanzan la mayoría de edad, a los doce años, una ceremonia en la sinagoga que indica que ya está sujeta a los preceptos (bat misvá), aunque la mujer queda dispensada de muchas prescripciones religiosas.


La Boda

Esta ceremonia consta de dos partes : el compromiso o erusín, y la santificación del matrimonio o quidusín. Antiguamente la elección de la pareja corría a cargo de los familiares de los contrayentes, y la celebración duraba toda una semana. El domingo era el día en que se firmaba el contrato matrimonial en el que se estipulaba la dote de la novia. Ese mismo día se exponía el ajuar para que pudiera ser contemplado y los expertos tasadores comprobaran si se ajustaba a las condiciones estipuladas en el contrato matrimonial. El lunes la novia acudía al baño ritual (micvé) para purificarse. Después del baño acudía a visitar al novio y a su familia que le presentaba una bandeja con frutos secos y peladillas, en la que se depositaban las joyas que se le entregaban como regalo, bien pertenecientes a la familia o bien adquiridas por el novio para esta ocasión. La ceremonia de la boda propiamente dicha se celebraba siempre en miércoles.

Ésta debe realizarse en presencia de al menos diez varones adultos, y tiene lugar bajo un dosel o palio (jupá). El oficiante, generalmente un rabino, pronuncia sobre una copa de vino las "siete bendiciones". El momento más significativo es cuando el novio coloca un anillo en el dedo de la novia y pronuncia la fórmula : "He aquí que tú me estás consagrada por este anillo, según la ley de Moisés e Israel". Con la aceptación del anillo la esposa expresa su consentimiento. A continuación se lee en público el contrato, donde constan las obligaciones que contrae el esposo con la esposa, y las indemnizaciones que deberá pagarle en caso de divorcio. Firman el documento el esposo y dos testigos.

El contrato lo guarda la familia de la novia como garantía y seguridad para ésta. La ceremonia finaliza cuando el novio rompe de un pisotón un vaso puesto a sus pies en recuerdo de la destrucción del Templo de Jerusalén.

Antiguamente los festejos de tornaboda duraban hasta siete días en los que se desarrollaba un complejo ritual.


La Muerte

En el judaísmo la muerte se concibe como la separación del alma y el cuerpo, no ya como una de las consecuencias del pecado original, sino como el fin natural de la vida y el paso de este mundo al mundo futuro.

La creencia en una vida de ultratumba, más allá de esta estancia terrenal, daba lugar al cumplimiento de diversos ritos y ceremonias por parte de los familiares del difunto. Antes de que se produjera el fallecimiento del ser querido, el moribundo era confortado por el rabí, quien le dirigía en la realización de los actos de contricción y en la recitación de oraciones como el Shemah Yisra'el.

Una vez producido el fallecimiento se cerraban ensieguida los ojos del cadáver, con el fin de evitar que si seguía divisando el mundo terrenal pudiera tener dificultades para discernir el más allá. El cadáver del difunto debía ser cuidadosamente lavado (rehisah), conforme a unos usos y prácticas consagrados por la tradicción, ya que la muerte era considerada por los judíos como causa de un alto grado de impureza; todo lo que entraba en contacto con el cadáver se tornaba, asimismo, impuro. Por esta razón el lavatorio de los cadáveres estaba minuciosamente reglamentado: orden que había de seguirse en el lavado de las distintas partes del cuerpo, número de abluciones, cantidad de agua que había que emplear, versículos bíblicos que había que recitar, etc. Asimismo se procedía a afeitar el pelo y el vello y a cortar las uñas del difunto, pues el Talmud los considera elementos impuros.

Mientras se procedía al aseo del cadáver, se preparaba la mortaja, que en la España medieval se componía de calzones, de una camisa limpia de lienzo y de una capa plegada, que era la indumentaria propia de la época; además, al parecer ya desde el siglo II d. C., el difunto era envuelto totalmente en un lienzo de lino blanco (tajrijin), tejido y cosido a grandes puntadas. En el amortajamiento del cadáver estaba totalmente prohibido los adornos de oro y plata.

Según la costumbre de los judíos españoles, a medio camino entre la práctica religiosa y la superstición, y que se ha mentenido hasta la actualidad en las comunidades sefardíes de Oriente, cuando una persona fallecía debían se vaciados todos los depósitos de agua que había en la casa. El origen de esta costumbre se encuentra en la creencia de que el "ángel de la muerte", después de llevar a cabo su letal acción, limpiaba su espada mortífera en las aguas que encuentra a su alcance. Otra costumbre también muy extendida entre los judíos españoles, consistía en colocar en la boca, debajo de la lengua, o en la mano del difunto una momeda o pieza pequeña de oro o plata.

Ya en el cementerio el cadáver era enterrado en una fosa con o sin ataúd, dependiendo de las comunidades, siendo los sefardíes más imclinados a enterrar a sus muertos directamente sobre la tierra, en la convinción de que el cuerpo debe volver o descansar directamente sobre la materia del que fue formado. En el caso de enterramiento con ataúd existía la costumbre de colocar un poco de tierra virgen bajo su cabeza. La posición que adoptaba el cadáver sobre la fosa era horizontal orientada hacia el oeste, la cabeza y los pies hacia el este; de manera que al resucitar el Día del Juicio Final lo primero que haría sería dirigir su vista hacia Jerusalén. Entre los judíos esta prohibido la cremación de los cuerpos por considerar esta práctica contraria a la creencia de la resurrección de la carne.

Concluida la ceremonia del enterramiento se iniciaba el luto de los familiares más cercanos al difunto. Este luto oficial solía durar un año durante el cual el familiar más cercano debía recitar el quaddish todos los días por el eterno descanso del alma del ser querido. Al cumplirse el año se colocaba una losa de piedra sobre la tumba del difunto en la que se grababan algunos versículos biblícos.


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